En los últimos meses, varios países de Latinoamérica han movido pieza casi al mismo tiempo, y en la misma dirección. Chile actualizó su normativa de relaves, Perú sumó un nuevo requisito técnico para sus minas de metales preciosos, México sigue aplicando una norma que ya cumplió dos décadas, y Colombia empezó a alinearse con un estándar internacional que exige juntas de revisión independientes en las operaciones de mayor riesgo.
Ninguno de estos movimientos ocurrió por separado — juntos dibujan el mismo patrón: la minería sostenible dejó de ser una aspiración corporativa y se convirtió en requisito regulatorio. ℹ️Te contamos qué está cambiando, país por país.
Chile actualizó su normativa DS 248 para exigir revestimientos de geomembrana en todas las nuevas instalaciones de relaves de cobre.
Perú, por su parte, ahora requiere capas de drenaje geocompuesto bajo los pads de lixiviación en minas de metales preciosos. En ambos casos, ya no es una recomendación técnica: es requisito legal para operar.
Colombia, con al menos 1,500 depósitos de relaves activos en toda la región según análisis técnico comparativo, está alineando su normativa con el Estándar Global de Gestión de Relaves (GISTM), lo que eleva las exigencias de diseño y monitoreo hacia el estándar que ya opera en Chile y Perú.
💡 El mercado de geosintéticos en Centro y Sudamérica se valoró en 1,160 millones de dólares en 2024 y crece a un ritmo de 6.4% anual, impulsado en gran parte por minería de litio, cobre y oro en Argentina y Chile.
México tiene más de 450 años de historia minera, pero no fue sino hasta 2004 que entró en vigor la NOM-141-SEMARNAT-2003, la norma que regula específicamente la caracterización, diseño, construcción, operación y cierre de presas de jales. La norma exige que todo proyecto demuestre, mediante estudios técnicos, que no representa un riesgo de migración de contaminantes hacia el entorno.
Los métodos tradicionales basados solo en arcilla compactada han mostrado limitaciones por asentamientos y desecación; los sistemas con geomembrana HDPE como barrera de fondo, combinados con geotextiles no tejidos para separación y filtración, logran niveles de hermeticidad que los materiales naturales difícilmente igualan de forma económica.
SEMARNAT mantiene además un inventario nacional de presas de jales para dar seguimiento a su condición en el tiempo.
Las geomembranas HDPE se han vuelto la especificación por defecto para pads de lixiviación en cobre, oro y litio en toda la región, por su resistencia a lixiviados agresivos.
En el Triángulo del Litio (Argentina, Chile, Bolivia), las piscinas de evaporación de salmuera dependen de geomembranas LLDPE de gran formato por su flexibilidad ante los ciclos térmicos extremos del desierto.
La industria global también se está moviendo en esa dirección: según Sahas Rathi, líder de sostenibilidad de SOLMAX, "la sostenibilidad no es una iniciativa separada; está integrada en todo lo que hacemos".
En los últimos tres años, la mayoría de los fabricantes del sector pasaron de no tener política de sostenibilidad publicada a tenerla como estándar de la industria.
Ya sea por la NOM-141 en México, el DS 248 en Chile, el requisito de geocompuesto en Perú, o la alineación a GISTM en Colombia, la conclusión regional es la misma: el geosintético dejó de ser una opción de ingeniería y se convirtió en la condición para operar legalmente. Para una minera con presencia en varios países de la región, esto significa que la especificación técnica ya no puede ser genérica.
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